Ignacio Ipiña

Crítica y comentarios

“Ignacio Ipiña, con más de cincuenta años de experiencia es un pintor tan bueno como desconocido. Ipiña suele aparecer sin embargo con mucha frecuencia en los lugares más diversos de nuestro paisaje de la ciudad, la industria, el campo o de la mar.

Se asoma tras su caballete y grandes lienzos con ropas de trabajo pringadas de colores. A ras del ala de su sombrero de tela se percibe una mirada que va más allá de los espacios y los ambientes del natural.

La acción de pintar se produce con gestos de un animal cazador que tan pronto se recoge sobre sí mismo como se proyecta sobre el lienzo atado con cuerdas al caballete y al suelo para resistir las embestidas de los vientos del interior y de la naturaleza.”

Agustín Ibarrola


“Ignacio Ipiña dialoga con el color, interpretando formas que, desde su particular atalaya creativa, dejan un pálpito personal lleno de perspectivas sorprendentes. La luz, en manos de Ipiña, matiza la insinuación ambiental, que acomoda lo que podemos presentir más allá de las certeras pinceladas…. Doy por seguro que esta tarde, desde el otro lado de las horas, de la mano de Ignacio, Unamuno recorrerá la exposición con nosotros. Desde el rito emocional que el arte promueve, podremos escuchar sus tenues voces, si somos capaces de abandonarnos en silencio por las hermosas rinconadas bilbaínas o por estas calles que nos atrapan en su incansable abrazo de piedra.”

José Manuel Ferreira “El Adelanto de Salamanca”


“Siempre resulta gratificante, y más en un mundo como es el cultural, descubrir la presencia de un gran artista. Por desgracia ya fallecido, dedicó toda su vida a hacer de la pintura un diario vivo del acontecer cotidiano.

Todo es intensidad en la obra de Ipiña. Pero también contrastes de luces y colores, armonía, firmeza y cierto romanticismo, que no nostalgia. … Y todo ello desde una pintura muy gestual, espontánea y de trazo rápido y seguro. Y es que lejos del barroquismo decimonónico, Ipiña opta por la sobriedad y firmeza de una pintura llena de intensidad, cargada de sugerencia y rebosante de personalidad. En definitiva, pintura para ver, oír, oler, gustar y palpar con los cinco sentidos. No se arrepentirán.”

José A. Montero “La Gaceta de Salamanca”


“Pincelada densa, generosa, de coloración vigorosa, arriesgada hasta el límite de los matices… Composición sosegada e inquietante, al mismo tiempo, con la que legitima una imagen que parece detenida en el tiempo, de la que cabría la posibilidad de deducir que el cuadro fue pintado en otra época, cuando lo cierto es que pertenece al hoy más reciente.

Pintura consumada, hecha con impulso de pasión amorosa, en formato suficiente para que no se desborde el ímpetu.”

Alfonso C. Saiz Valdivielso Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


“Ipiña está influenciado por la tierra, el clima, la luz, intimista, que no halaga como el colorismo de la pintura mediterránea que es destello de luz cegadora.

Si. Ignacio Ipiña deja toda la bondad y belleza de estas tierras cántabras de coloraciones asordadas, fuertes. Juega un papel importante en esta obra el constructivismo y la atmósfera que envuelve estos paisajes y marinas de indudable personalidad.

Abstrae, pero sintetizando las formas con sentido arquitectónico en la composición. En esta muestra convive, con el paisaje vasco, el altoaragonés. Ahí está el Castillo de Loarre, los Mallos, Agüero, el paisaje oscense.

Su paleta sigue siendo la misma. Verdes, azules, grises, marrones oscuros. Con esta gama de colores juega su sinfonía cromática, dando gravedad y profunda nostalgia a esta pintura que pretende sublimar la Naturaleza.”

Félix Ferrer Gimeno “Nueva España”


“Ipiña trata estos paisajes de forma peculiar, haciendo que la materia misma que compone se sobreponga con frecuencia a la mera representación de los temas, o le procure a ésta en todo caso una sobresaliente fuerza. El color es importante, pero en virtud de la contundencia con que es aplicado. El cielo queda enrarecido, o el valle sustancioso, por la propia disposición de empujes enfrentados entre las masa de pintura.

Y así como el color alcanza su atractivo a través de la materia, de denso empaste, es un mérito del color, y no tanto de la perspectiva, la profundidad innegable de estas telas. Hay que insistir en la energía asignada a las manchas de pintura al hablar de la composición geométrica, pues parece que ésta viniera impuesta por el protagonismo particular, aunque equilibrado, de aquéllas. La factura misma del cuadro es lo más interesante de estos óleos de Ignacio Ipiña.

Ignacio Torrijos “El Heraldo de Aragón” ______________________________________________________________________________________________

“Ignacio Ipiña, con más de cincuenta años de experiencia es un pintor tan bueno como desconocido. Ipiña suele aparecer sin embargo con mucha frecuencia en los lugares más diversos de nuestro paisaje de la ciudad, la industria, el campo o de la mar.

Se asoma tras su caballete y grandes lienzos con ropas de trabajo pringadas de colores. A ras del ala de su sombrero de tela se percibe una mirada que va más allá de los espacios y los ambientes del natural.

La acción de pintar se produce con gestos de un animal cazador que tan pronto se recoge sobre sí mismo como se proyecta sobre el lienzo atado con cuerdas al caballete y al suelo para resistir las embestidas de los vientos del interior y de la naturaleza.”

Agustín Ibarrola


“Ignacio Ipiña dialoga con el color, interpretando formas que, desde su particular atalaya creativa, dejan un pálpito personal lleno de perspectivas sorprendentes. La luz, en manos de Ipiña, matiza la insinuación ambiental, que acomoda lo que podemos presentir más allá de las certeras pinceladas…. Doy por seguro que esta tarde, desde el otro lado de las horas, de la mano de Ignacio, Unamuno recorrerá la exposición con nosotros. Desde el rito emocional que el arte promueve, podremos escuchar sus tenues voces, si somos capaces de abandonarnos en silencio por las hermosas rinconadas bilbaínas o por estas calles que nos atrapan en su incansable abrazo de piedra.”

José Manuel Ferreira “El Adelanto de Salamanca”


“Siempre resulta gratificante, y más en un mundo como es el cultural, descubrir la presencia de un gran artista. Por desgracia ya fallecido, dedicó toda su vida a hacer de la pintura un diario vivo del acontecer cotidiano.

Todo es intensidad en la obra de Ipiña. Pero también contrastes de luces y colores, armonía, firmeza y cierto romanticismo, que no nostalgia. … Y todo ello desde una pintura muy gestual, espontánea y de trazo rápido y seguro. Y es que lejos del barroquismo decimonónico, Ipiña opta por la sobriedad y firmeza de una pintura llena de intensidad, cargada de sugerencia y rebosante de personalidad. En definitiva, pintura para ver, oír, oler, gustar y palpar con los cinco sentidos. No se arrepentirán.”

José A. Montero “La Gaceta de Salamanca”


“Pincelada densa, generosa, de coloración vigorosa, arriesgada hasta el límite de los matices… Composición sosegada e inquietante, al mismo tiempo, con la que legitima una imagen que parece detenida en el tiempo, de la que cabría la posibilidad de deducir que el cuadro fue pintado en otra época, cuando lo cierto es que pertenece al hoy más reciente.

Pintura consumada, hecha con impulso de pasión amorosa, en formato suficiente para que no se desborde el ímpetu.”

Alfonso C. Saiz Valdivielso Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


“Ipiña está influenciado por la tierra, el clima, la luz, intimista, que no halaga como el colorismo de la pintura mediterránea que es destello de luz cegadora.

Si. Ignacio Ipiña deja toda la bondad y belleza de estas tierras cántabras de coloraciones asordadas, fuertes. Juega un papel importante en esta obra el constructivismo y la atmósfera que envuelve estos paisajes y marinas de indudable personalidad.

Abstrae, pero sintetizando las formas con sentido arquitectónico en la composición. En esta muestra convive, con el paisaje vasco, el altoaragonés. Ahí está el Castillo de Loarre, los Mallos, Agüero, el paisaje oscense.

Su paleta sigue siendo la misma. Verdes, azules, grises, marrones oscuros. Con esta gama de colores juega su sinfonía cromática, dando gravedad y profunda nostalgia a esta pintura que pretende sublimar la Naturaleza.”

Félix Ferrer Gimeno “Nueva España”


“Ipiña trata estos paisajes de forma peculiar, haciendo que la materia misma que compone se sobreponga con frecuencia a la mera representación de los temas, o le procure a ésta en todo caso una sobresaliente fuerza. El color es importante, pero en virtud de la contundencia con que es aplicado. El cielo queda enrarecido, o el valle sustancioso, por la propia disposición de empujes enfrentados entre las masa de pintura.

Y así como el color alcanza su atractivo a través de la materia, de denso empaste, es un mérito del color, y no tanto de la perspectiva, la profundidad innegable de estas telas. Hay que insistir en la energía asignada a las manchas de pintura al hablar de la composición geométrica, pues parece que ésta viniera impuesta por el protagonismo particular, aunque equilibrado, de aquéllas. La factura misma del cuadro es lo más interesante de estos óleos de Ignacio Ipiña.

Ignacio Torrijos “El Heraldo de Aragón” ______________________________________________________________________________________________